Esto es lo que casi nadie explica bien:
El cepillo, eléctrico o manual, caro o barato, solo alcanza las superficies de los dientes. Las caras visibles.
Lo que hay entre cada diente y a lo largo de la línea donde el diente se une a la encía queda completamente fuera de su alcance. Siempre.
Ahí es donde las bacterias se instalan. Donde se acumulan los restos que no ves. Donde se genera el olor que el colutorio tapa durante un rato, y que vuelve en cuanto pasa el efecto, porque la causa sigue ahí.
El hilo dental llega a esa zona. Pero la mayoría no lo usa bien, ni todos los días. No por descuido, sino porque es incómodo, lento y fácil de dejar para mañana.
Ese mañana es lo que hace que la sensación de limpio no dure.
La diferencia entre "me he cepillado" y "sé que estoy limpio" está justo ahí: en esa zona que el cepillo no cubre y que casi nadie trabaja a diario.